En 2015, Google publicó los resultados del Proyecto Aristóteles: un estudio de dos años y 180 equipos para comprender por qué algunos rendían mucho mejor que otros.
El hallazgo sorprendió a muchos: la seguridad psicológica era el principal predictor de eficacia. No el talento. No los recursos. Ni siquiera la experiencia de liderazgo.
¿Qué es la seguridad psicológica?
Amy Edmondson, de Harvard, la define como la creencia compartida de que el equipo es un espacio seguro para asumir riesgos interpersonales. En la práctica, significa poder hablar, reconocer errores, hacer preguntas y cuestionar el statu quo sin miedo al castigo o a la humillación.
Por qué importa más que nunca
En la era de la IA, los problemas más relevantes son aquellos que las máquinas no pueden resolver por sí solas. Exigen colaboración creativa, feedback honesto y disposición a experimentar y equivocarse. Todo ello requiere seguridad psicológica.
Tres maneras de empezar hoy
1. Muestra vulnerabilidad. Comparte tus errores e incertidumbres. Cuando el líder da el primer paso, el equipo puede seguirlo.
2. Responde a las malas noticias con curiosidad, no con culpa. En cuanto castigas a alguien por señalar un problema, enseñas al equipo a guardar silencio.
3. Crea espacios estructurados para discrepar. Los análisis previos de posibles fallos, los equipos que cuestionan una propuesta y los canales de feedback anónimo facilitan que las personas expresen sus dudas sin exponerse personalmente.
Esto es precisamente lo que trabajo en la conferencia y el taller «The Safety to Soar»: herramientas prácticas para construir una cultura en la que puedan surgir equipos extraordinarios.

Conferencista, coach ejecutivo y autor de Step Back and LEAP.
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